Duendes encantados
Se les ve bajo los suaves vestidos de la claridad
en su vuelo hasta el atardecer,
hechizo de alondra que alumbra la mañana
y en el lado del sol, abren sus flores más puras.
Transparente y perfumado es su polen
de crepúsculos reflejados en la frente,
tibios por la luz y los sueños
y hermosos de mirar en su blancura.
Los visita en su reino la música del arpa silvestre,
la dulzura besa el encanto de los colores
y estrellas de encendidas galaxias se inclinan a admirarlos
donde vive la belleza de sus constelaciones.
Poderosa es la fuerza de estos corazones,
cabecitas que brillan en la penumbra de lo hondo del bosque
y se van perdiendo con la tarde a celebrar la dicha
de plácida quietud que viene del paisaje.




























