Para dibujar ángeles, tomé como modelo de inspiración un óleo sobre lienzo, del gran Bartolomé Esteban Murillo, “Virgen con el Niño y Santos” (1675).
Los contornos del dibujo sobre una tela simple, sin ninguna preparación, quedan difuminados y es difícil lograr el detalle, pero al mismo tiempo le aporta a la imagen un estilo vaporoso, como la seda, meciéndose suavemente en el aire…
Lo ángeles vuelan por el azul transparente y la calma brumosa de los cielos.
Se mecen en el aire entre las nubes, acariciando al Niño,
temerosos de moverse para no perturbar su reposo,
absorbiendo en sí su esencia divina,
que se difunde como una fragancia.
La madre tiene al Niño en sus brazos,
en su calor,
meciéndolo en su seno.
“No estás solo”.
Angeles jóvenes, que contemplan las Glorias Celestiales,
y niños- ángeles, de alas risueñas,
y piernas gorditas y redondeadas.
Mis flores de invierno.
Oh, luz celestial
deja caer tu misterio,
tu suave hechizo,
sobre la tierra.